Artículo nº1 – Santiago Apóstol, Patrón de Caballería, Patrón de España

Santiago de Zebedeo, conocido como Santiago el Mayor, nació en Betsaida, a orillas del mar de Galilea o Mar de Tiberiades, como le llamaron los romanos en recuerdo del emperador Tiberio. Hijo de Zebedeo, pescador, y de Salomé, y hermano de Juan.

Santiago tuvo que poseer unas especiales cualidades humanas que le hicieron ser elegido junto a su hermano Juan, a Pedro y a Andrés, ya que por las noticias que nos dan los Evangelios, se ve que era uno de los predilectos de Jesús, pues siempre estuvo en el reducido grupo que el Señor reserva para ser testigo de los acontecimientos más relevantes de la Pasión. Por su ímpetu, temeridad o valentía, el propio Jesús le llamó “Hijo del trueno”.

Según la tradición, Santiago puso pie en  Hispania en el año 40, dispuesto a difundir el Evangelio a las desconfiadas gentes que seguían dando culto a sus ancestrales dioses o a los recientes impuestos por sus civilizados conquistadores romanos. Según distintas tradiciones orales, Santiago desembarcó posiblemente en el puerto de Cartago Nova, caminando por las vías romanas, probablemente pasó por Itálica o por Emérita Augusta, continuó por Lusitaniay terminó en Iria-Flavia, en la actual Galicia.

Desesperado podría encontrarse por sus escasos progresos, cuando la Virgen María, hubo de aparecérsele en Zaragoza para prometerle que sus esfuerzos se verían coronados por un rotundo éxito.

Tras un largo viaje por la Península Ibérica, finalizado su periplo por Hispania, debió embarcar en algún puerto con rumbo a Palestina. Al poco tiempo, le cupo el honor de ser el primero de los Apóstoles de Jesús en padecer el martirio. Santiago regresó a Jerusalén y en el año 44 fue decapitado con una espada, por orden del rey Herodes Agripa. No obstante, sus discípulos recogieron su cadáver y lo embarcaron con dirección a la Hispania Romana. Siempre, según la tradición, la nave desembarcó en la costa marítima gallega, donde se enterró su cuerpo, yaciendo en un campo de estrellas, campus stellae. Y se encontró posteriormente, un cuerpo con una cabeza a su lado, por los reyes astures, y fue trasladado hasta el lugar donde se halla la catedral compostelana en la actualidad.

Con todo, el relato quedó enraizado en la tradición ibérica y en el año 1630, siendo monarca Felipe IV, el papa Urbano VIII decretó oficialmente que el Apóstol Santiago, el Mayor, fuera considerado solo y único Patrón de la Nación Española.

«Dios hizo a Santiago, Patrón de España, que no existía entonces, para que cuando llegue el día pudiera interceder por ella y volverla otra vez a la vida con su doctrina y con su espada», afirmó en una ocasión Francisco de Quevedo.

Pero no acaba aquí la advocación y la admiración del pueblo español por su Apóstol.

En el siglo IX, a comienzos de la Reconquista de España, tras la invasión islámica del año 711 y  la finalización de los reinos visigodos, se produce la Batalla de Clavijo, según escritos del arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada, eclesiástico, militar, historiador y político, en la que participan, por el lado cristiano, el rey de Asturias Ramiro I y, por el lado musulmán, el califa Omeya de Córdoba Abderramán II. El tercer participante y quizás el más importante por ser el que obtuvo mayores beneficios fue el Apóstol Santiago y su causa.

Esta mítica batalla de Clavijo, según consta, es difícil de precisar en cuanto a fecha. El mencionado arzobispo, Rodrigo Jiménez de Rada, la ubica el 23 de mayo del año 844, pero él escribió unos 400 años después de los hechos que narra. Algunos historiadores en sus escritos proponen otras fechas como el año 856, otros la ubican en la Batalla de Simancas en el año 939 y otros escritores se decantan porque la batalla de Clavijo nunca existió tal y como se plantea.

El lugar de la batalla se ubica en la localidad de Clavijo, provincia de La Rioja.

Los que sostienen la batalla de Clavijo como un hecho real de armas narran, y esto es otro asunto que deja esta batalla entre la leyenda y la realidad, que el emir Abderramán I impuso el pago del tributo de 100 doncellas cada año, 50 hidalgas y otras 50 plebeyas, tributo que fue aceptado por el rey asturiano Mauregato. Esto ocurre entre el año 783 y 788 y dice el relato que en el año 842 el rey Alfonso II se negó a seguir pagando este humillante tributo a los moros. Su hijo Ramiro I fue quien hubo de hacer frente al cobro del tributo que ejerciera el califa Abderramán II.

Cuenta la leyenda de esta batalla que, en el choque de fuerzas, los españoles llevaron la peor parte, quedando Ramiro I y sus tropas al borde de la derrota. Los sarracenos eran muchos más que los españoles, y tuvieron que replegarse al monte que daría nombre a la batalla que habría de darse al día siguiente. Ahora bien, el relato cuenta que la noche antes de la batalla, recibe Ramiro I en sueños la visita del apóstol Santiago, animándolo a guerrear con valentía al día siguiente y prometiéndole su apoyo en la batalla. Aquí es donde se convierte en leyenda, cuentan que durante la dura batalla y estando los españoles en evidente desventaja, aparece Santiago en una cabalgadura blanca y empuñando su espada, causando el giro de la batalla, dejando en aquellas tierras unos 70.000 muertos.

La consecuencia inmediata de esta batalla real o no, fue servir de estímulo e impulso a España para librar lo que se conoció como la Guerra de Reconquista, mediante la cual se lograría arrancar de la península a los moros, en parte porque esta batalla de Clavijo le dio un carácter de Cruzada Santa a la lucha por la Reconquista.

Aunque no hay grandes detalles de la batalla, se dice que con ayuda de Santiago, a partir de ese momento también llamado Santiago Matamoros, Ramiro I obtuvo la victoria, sin embargo el verdadero vencedor tanto en la narrativa como en el resultado de la épica batalla fue Santiago y, por ende, la iglesia. Pero, si lo vemos desde las consecuencias de la Batalla de Clavijo, para el pueblo español fue un impulso para librar a la península del dominio musulmán. Aunque esto no ocurrió realmente hasta 1492, con la toma de Granada, casi seis siglos después.

No es difícil imaginarse a este Apóstol, descrito como rudo, sencillo, impulsivo, valiente, predispuesto a la aventura y con una fe inquebrantable, cabalgando con ímpetu arrollador en Clavijo, arrastrando al Rey Ramiro I y a sus huestes.

Santiago Apóstol fue declarado Patrono del Arma de Caballería el 30 de junio de 1846 por el entonces Vicario General Castrense. El 20 de julio de 1846 se designó al Apóstol Santiago patrón del Arma de Caballería, cuya proclamación fue posteriormente ratificada el 20 de julio de 1892. De ahí que el 25 de julio se celebre el patrón de la Caballería.

“Nunca «el espíritu jinete» pudo estar mejor representado que en esta ocasión en la figura de Santiago, el espíritu que siempre ha animado a cualquier regimiento infatigable de Caballería. Pero no es solamente en el combate donde se percibe la benéfica influencia de Santiago en nuestros jinetes, también se percibe en la vida cotidiana, una sutil presencia del Apóstol entre los componentes del Arma, que se traduce en ciertos comportamientos inconfundibles ante los cuales hasta con los ojos cerrados, se puede asegurar de alguien que pertenece al Arma de Caballería.

Santiago sintetiza la representación de las nobles ideas constituidas por el compañerismo que aleja todo egoísmo individual y que impulsa sentimientos de abnegación, siendo estas bases de todas las virtudes militares. Estas cualidades y sentimientos, Santiago los vierte abundantemente en sus nobles hijos, los jinetes españoles de todos los tiempos. Ese compañerismo y esa abnegación los necesitan hasta el paroxismo para cumplir su misión en el combate, pues, las situaciones, más o menos frecuentes para otros componentes de los Ejércitos, en los que se exige llegar al heroísmo en Caballería son habituales por lo específico de su misión y la forma en que debe cumplirse.

Finalmente, en la tradición militar de España, el grito de guerra «¡Santiago y cierra España!» ha sido utilizado por los soldados desde la Reconquista hasta la época moderna antes de cada carga en ofensiva. Frase muy utilizada en las batallas de la Reconquista por los conquistadores españoles mientras se forjaba un Imperio, por los antiguos tercios de infantería en Europa o hasta tiempos más recientes como el laureado regimiento de caballería Alcántara. El significado de la frase es, por una parte, invocar al apóstol Santiago, que según la leyenda, se apareció durante la Batalla de Clavijo para combatir junto a los cristianos, y por otro, la orden militar “cierra”, que en términos militares significa trabar combate, embestir o acometer.

¡Santiago y Cierra España!

Eladio Sánchez Campillo
Portapasos y directivo de la Agrupación de Santiago Apóstol

Santiago Apóstol